martes 10 de noviembre de 2009

20 años después, la izquierda reaccionaria

Ya no es sólo el leninismo residual del nuevo secretario general del Partido Comunista: al menos la coherencia no nos llama a engaño sobre las intenciones totalitarias de Centella. Lo destacado es que se diga ahora lo que se diga, durante decenios la izquierda moderada siempre justificó o justificó a los que justificaban el Muro y el odioso régimen que escondía detrás. Izquierda moderada, supuestamente socialdemócrata, socialista o lo que ustedes quieran. Pero a la hora de elegir, siempre con los déspotas, nunca con sus víctimas.



Así que hoy celebra el aniversario de la caída del Muro sin saber muy bien qué celebrar, si una boda o un funeral. Es el caso de El País, al que debemos entre otras muchas joyas estratégicas y morales la repugnante portada del 11 de septiembre de 2001. Con tres mil muertos vaporizados o entre los escombros, titulaba:“El mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush”. Ocho años después, El País, celebra el aniversario del desplome del paraíso socialista a su manera. En portada el día 9, resalta dos noticias: la primera, que la democracia pierde apoyo en la Europa del Este. La segunda, las dificultades económicas de la Alemania resultante. Además, como si en su origen y desarrollo tuviesen algo que ver, en Cuatro y la Cadena SER, se empeñaban en que los oyentes supieran que existían otros muros, para citar repetida y machaconamente, el muro de Israel. En sus tertulias, para qué contarles. Ataques histéricos al capitalismo y a la democracia liberal. Como si estuviesen en 8 de noviembre de 1989…



No me negarán que no está nada mal. A los veinte años del desplome del socialismo real, el periódico de referencia de la izquierda española celebra que la democracia liberal esté discutida, anuncia que el capitalismo se hunde en el Este y -aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y estamos hablando de muros-, lanza una andanada contra la democracia israelí. Y eso a los veinte años de la caída del Muro. ¿Qué hará a los veinte años del 11S?

Foto: Libertad Digital

domingo 1 de noviembre de 2009

Ágora: más errores sobre Hipatia

Sobre la última película de Amenábar, "Ágora", a caído un diluvio de críticas desde todos los puntos de vista. Pedro Fernández Barbadillo, con su habitual tono polémico y retador, lo ha hecho desde el punto de vista cultual desde Bokabulario, generando la habitual indignación entre los masoquistas lectores que lo insultan pero no pueden dejar de leer sus columnas. César Vidal ha mostrado con rotundidad algunas de las graves carencias y escandalosos errores de la película de Amenábar. El más completo análisis puede encontrarse en este blog.

Por mi parte, sólo añadir dos notas filosóficas bastante elementales, que denotan más desconocimientos aún. Por ejemplo, sólo ignorándolo todo de la filosofía y la cultura griega se puede poner en boca de un filósofo helénico la frase que a tantos a encandilado de la película de Amenabar: "yo creo en la filosofía", pronunciada por Hipatia cuando es presionada por otros protagonistas para afirmar su fe en Dios. Resulta inverosímil pensar que un pensador griego dijera algo semejante. Valga el famoso comentario de Aristóteles sobre su maestro, "Amicus Plato, sed magis amica veritas", que mal que bien podemos traducir por "soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la Verdad", para mostrar que no era la disciplina -la filosofía- lo que interesaba a los griegos, sino su objeto y finalidad -la Verdad-. Lo otro es una zafia extrapolación moderna.

De Hipatia sabemos muy poco. Desde el punto de vista de la filosofía sabemos tres notas: la primera, su adscripción al platonismo -mundo de las ideas, Verdad, trascendencia-, lo que implica un personaje incompatible con el de Amenábar, obsesionado con la experimentación científica con una inverosímil tendencia al materialismo, más propia de Newton que del platonismo alejandrino. La segunda, su adscripción al pitagorismo, lo que de nuevo nos lleva a una Hipatia que nada tiene que ver con la de Amenábar, como no sea su gusto por la astronomía, tratado en la película con escasa sutileza: la atracción por el círculo en los griegos es filosófica e incluso religiosa más que empírica. El caso de la tercera es aún más escandaloso: sabemos que Hipatia era discípula de Plotino. Por mucha distinción entre el maestro y el discípulo, es impensable que la seguidora de Plotino, el autor que fusiona la Verdad y la Idea platónica con el Uno, a su vez identificado como Dios, muestre la actitud ante la religión que muestra en la película. De todos los personajes, Hipatia sería, con total probabilidad, uno de los más familiarizados con la idea de Dios, de un dios filosófico al menos.

El problema que subyace es el que aparece una y otra vez a lo largo de la película de Amenábar, empezando por el título "Ágora". Es la visión que un contemporáneo del siglo XXI, poco sutil, escasamente informado y sin excesiva formación intelectual y trabajo de documentación, puede tener de la época y de su personajes. Por lo que sabemos, ni Hipatia se dedicaba con esa obsesión a la experimentacion científica, ni podía abrazar el materialismo empírico que muestra en la película, ni ser escéptica ante el cristianismo, del que se encontraba, con total probabilidad, más cerca de lo que Amenábar y sus fanáticos seguidores suponen. El director extrapola la visión popular de la ciencia y la filosofía a un mundo que nada tiene que ver con ella, y este error -imperdonable para una película de ambientación histórica- es imperdonable.

lunes 19 de octubre de 2009

Raymond Aron y Carl Clausewitz

En gees.org publico la reseña de excelente libro de Aron "Sur Clausewitz", la más completa tentativa de explicar la filosofía del autor prusiano al lector occidental hasta que el propio Aron publicó "Penser la guerre" poco después. La editorial Nueva Visión, de Buenos Aires, publica ahora la obra en español. Para quien conozca la trayectoria intelectual de Aron, llama la atención el entusiasmo con el que se encuentra con la obra del prusiano. En el fondo, la clave es una afinidad vital e intelectual de Aron con Clausewitz. Cuando el filósofo francés se sumerge en la obra del militar prusiano su teoría sobre la política y las relaciones internacionales está ya formada, y el autor del "Vom Kriege" supone para él un feliz descubrimiengo. Con Clausewitz le ocurre como con Tocqueville: en él se descubre a sí mismo.
Como suele ocurrir en estos casos, queda la duda de si Aron, en un pecado habitual en historiadores e intelectuales, adapta inconscientemente lo escrito por Tocqueville y Clausewitz a sus propias preferencias: lo hemos visto en infinitas ocasiones, y nadie está a salvo de interpretar a un autor como a uno le gustaría y no como realmente es. En el caso de Aron, no obstante, parece que el peligro quedó conjurado: por su propio carácter frío y analítico, por la profusión de citas y bibliografía y, por una argumentación estricta la interpretación de Aron con ambos autores es la correcta.
En el caso de Clausewitz, es sorprendente: militar prusiano del siglo XIX, pasional, patriota, frente al filósofo parisino, brillante, frío. Pero eso sí, sorprendente sólo hasta cierto punto: ambos entienden la guerra y la política desde el punto de vista de la prudencia y la moderación, y ambos captan el carácter trágico de la decisión humana, sujeta al vaivén de una historia que el hombre hace pero que no sabe que hace ni como la hace.
La reseña, puede leerse aquí
 
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