Hoy en día, pocos o ningún medio de comunicación busca describir los hechos tal y como han sucedido, mostrar la realidad en cuanto tal, enseñar a los lectores o telespectadores la verdad como se produce o se c
ree que ha producido: y digo busca describir y no describir porque esto afecta ante todo a las intenciones de sus responsables, y después a sus actos. Primero, porque la despiadada competencia les obliga a llamar la atención, exagerando las más de las veces, las noticias o los hechos para atraer la atención del lector o espectador.
Segundo, porque la realidad está supeditada al punto de vista de los grandes o pequeños grupos multimedia. En España ha quedado crudamente de manifiesto con
Tercero, la realidad está hoy sepultada en los medios por las preferencias políticas e ideológicas: bombardeos que aparecen o desaparecen según el medio, número de víctimas mayor, menor o inexistente según se trate de la izquierda o la derecha y del país al que se le imputen. Los medios de la izquierda exageran los efectos de los bombardeos americanos o israelíes; los de la derecha, tienden a mostrarlos de forma más aséptica y ajustada. Pocos pueden negar que la realidad depende hoy en día de las preferencias ideológicas de quien la cuenta.
No es necesario seguir más: cuanto los medios de comunicación más reivindican para sí la búsqueda de la verdad, más está en función de objetivos variables. Si puede ser de otra forma en nuestra época multimedia es otra cuestión, los pesimistas afirman que es imposible, y quizá no les falte razón. Pero lo cierto es que hoy en día los medios de comunicación están más alejados que nunca de lo que los periodistas de antaño consideraban un mandamiento casi sagrado: la búsqueda de la verdad y su transmisión objetiva.
Por otro lado, una de las actitudes más características de los medios de comunicación en las sociedades occidentales es la banalización de los temas más trascendentes y la trascendentalización de los más banales. En el caso de la polémica de los retoques fotográficos, los mismos medios que manipulan sin mayores remordimientos la realidad en virtud del sensacionalismo, de los intereses o la rivalidad empresarial o de las preferencias ideológicas, se plantean con solemnidad qué hacer con los retoques fotográficos a modelos, actrices o celebrities. Con ellos, la clase política, la francesa en este caso, se muestra preocupada: no cuando se oculta sus verguenzas, sino cuando se ocultan la de Keira Knightley o Madonna.
La paradoja es evidente: en las páginas de política ocultan encuestas, sentencias o declaraciones, pero anuncian indignados que no pueden ocultar la celulitis de una conocida actriz. No encuentran problemas en esconder fusiones, opas y estadísticas de empleo, pero muestran remordimientos morales en retocar la barriga de un actor de Hollywood. Tienen escasos escrúpulos a la hora de exagerar y agrandar guerras, disturbios y atentados, de sobredimensionarlos, de empequeñecerlos u ocultarlos, pero se muestran intransigentes si de lo que se trata es de aumentar o disminuir los pechos de una modelo.
La clase mediática y política se muestra indignada ante quienes aplican el photoshop a una modelo o a una actriz, pero no tienen ningún problema en aplicarlo al por mayor, al por menor y al detall en asuntos de muchísima más trascendencia y gravedad para nuestras sociedades. ¿Quién dijo que no había una inversión de valores?

1 comment
En España, el Imperio Progre, o sea todos los medios menos uno o dos, no retocan la realidad, se la inventan. No hay más que ver cómo se ha aceptado la versión oficial del 11M, llena de agujeros por todos los lados.
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