Ágora: más errores sobre Hipatia

domingo 1 de noviembre de 2009

Sobre la última película de Amenábar, "Ágora", a caído un diluvio de críticas desde todos los puntos de vista. Pedro Fernández Barbadillo, con su habitual tono polémico y retador, lo ha hecho desde el punto de vista cultual desde Bokabulario, generando la habitual indignación entre los masoquistas lectores que lo insultan pero no pueden dejar de leer sus columnas. César Vidal ha mostrado con rotundidad algunas de las graves carencias y escandalosos errores de la película de Amenábar. El más completo análisis puede encontrarse en este blog.

Por mi parte, sólo añadir dos notas filosóficas bastante elementales, que denotan más desconocimientos aún. Por ejemplo, sólo ignorándolo todo de la filosofía y la cultura griega se puede poner en boca de un filósofo helénico la frase que a tantos a encandilado de la película de Amenabar: "yo creo en la filosofía", pronunciada por Hipatia cuando es presionada por otros protagonistas para afirmar su fe en Dios. Resulta inverosímil pensar que un pensador griego dijera algo semejante. Valga el famoso comentario de Aristóteles sobre su maestro, "Amicus Plato, sed magis amica veritas", que mal que bien podemos traducir por "soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la Verdad", para mostrar que no era la disciplina -la filosofía- lo que interesaba a los griegos, sino su objeto y finalidad -la Verdad-. Lo otro es una zafia extrapolación moderna.

De Hipatia sabemos muy poco. Desde el punto de vista de la filosofía sabemos tres notas: la primera, su adscripción al platonismo -mundo de las ideas, Verdad, trascendencia-, lo que implica un personaje incompatible con el de Amenábar, obsesionado con la experimentación científica con una inverosímil tendencia al materialismo, más propia de Newton que del platonismo alejandrino. La segunda, su adscripción al pitagorismo, lo que de nuevo nos lleva a una Hipatia que nada tiene que ver con la de Amenábar, como no sea su gusto por la astronomía, tratado en la película con escasa sutileza: la atracción por el círculo en los griegos es filosófica e incluso religiosa más que empírica. El caso de la tercera es aún más escandaloso: sabemos que Hipatia era discípula de Plotino. Por mucha distinción entre el maestro y el discípulo, es impensable que la seguidora de Plotino, el autor que fusiona la Verdad y la Idea platónica con el Uno, a su vez identificado como Dios, muestre la actitud ante la religión que muestra en la película. De todos los personajes, Hipatia sería, con total probabilidad, uno de los más familiarizados con la idea de Dios, de un dios filosófico al menos.

El problema que subyace es el que aparece una y otra vez a lo largo de la película de Amenábar, empezando por el título "Ágora". Es la visión que un contemporáneo del siglo XXI, poco sutil, escasamente informado y sin excesiva formación intelectual y trabajo de documentación, puede tener de la época y de su personajes. Por lo que sabemos, ni Hipatia se dedicaba con esa obsesión a la experimentacion científica, ni podía abrazar el materialismo empírico que muestra en la película, ni ser escéptica ante el cristianismo, del que se encontraba, con total probabilidad, más cerca de lo que Amenábar y sus fanáticos seguidores suponen. El director extrapola la visión popular de la ciencia y la filosofía a un mundo que nada tiene que ver con ella, y este error -imperdonable para una película de ambientación histórica- es imperdonable.