Coronavirus: la toma por asalto (II)

Iglesias gana terreno. Conforme la crisis avanza, hay tres tendencias que me parecen claras. La primera, que los ministros situados en primera fila en la lucha contra la pandemia fracasan día tras día, acumulando todo tipo de errores: cifras erróneas, falta de material, compras inservibles. El caos erosiona la gestión del ala socialdemócrata del Gobierno. La segunda, el progresivo deterioro de la figura de Pedro Sánchez, su pérdida visible de energía y de autoridad. Y la tercera, el afianzamiento primero y el avance después, de la política bolivariana dentro del ejecutivo. Con el tiempo salta a la vista que alejar a Pablo Iglesias de la responsabilidad en la crisis fue un error: carece de la presión y desgaste de otros ministros, lo que le permite organizar la postpandemia con mayor comodidad, libre de las ataduras de la responsabilidad. Allí donde las tiene, como es el caso del apocalipsis que se vive en las residencias de ancianos, nadie parece reclarmárselas. 

 El 27 se la Ministra bolivariana de trabajo, Yolanda Díaz anunciaba su prohibición de despidos en toda España, atacando a los empresariosA nadie se le escapa que la medida impulsada por Iglesias supondrá, de hecho, el cierre de cientos o miles de pequeñas y medianas empresas por todo el país: más a cada semana que dure el cierre, y más cuanto más se pueda ampliar en el futuro. Llama aquí la atención la otra gran medida con la que Podemos presiona, y que aún no ha logrado imponer: extender el cierre laboral a otras actividades que aún hoy se mantienen vivas en nuestro país.
La condena al pequeño y mediano empresario convertirá, de hecho, a miles y miles de personas en rehenes de los subsidios: despedibles y menos despedibles, pero de facto desempleados por el cierre de empresas. Más allá de las consecuencias económicas, está el hecho preocupante, que es el político: si hacemos caso a lo que afirma Europa Press, Iglesias cuenta en el Consejo de Ministros no sólo con el apoyo de los ministros podemitas: también de otros socialistas, como José Luis Ábalos y José Luis Escrivá. Con algunos de los ministros socialdemócratas en las trincheras contra el coronavirus, y Sánchez débil política, moralmente y aquejado de un evidente narcisismo, Iglesias se mueve con comodidad en la retaguardia, avanzando posiciones y destruyendo el tejido económico nacional. 

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