3 de noviembre: ruptura o no retorno

Ni finalizan ni parece que vayan a finalizar. Las protestas sociales tras la muerte de George Floyd en mayo han ido haciéndose más violentas cuanto más minoritarias se han vuelto: a día de hoy, son varios cientos de personas las que pertrechados con armas y material de guerrilla urbana atacan a la policía, incendian edificios y saquean centros comerciales en distintas ciudades norteamericanas. Las tácticas paramilitares de los grupos de Antifas y supremacistas negros dan para otro estudio: lo relevante en términos políticos es a día de hoy la actitud del Partido Demócrata.

Me parece fuera de toda duda que gran parte de éste se ha decidido por la «abstención» ante los disturbios diarios, cuando no por la simpatía: los unos por cuestiones tácticas parecen pensar que las imágenes bélicas de aquí a noviembre perjudican la reelección de Trump; otros parecen ya incapaces de escapar de la doctrina Black Lives Matter, y afirman la existencia de un racismo sistémico en la sociedad e instituciones norteamericanas que llevaría, en última instancia, a que policías blancos asesinen impunemente a ciudadanos negros. Curiosamente Biden y Harris parecen representar ambas posturas.

Unos y otros, oportunistas o creyentes, amparan y justifican las protestas, que a día de hoy rozan el terrorismo, en el centro de las grandes ciudades norteamericanas. ¿Consecuencias? Tengo para mí que el Partido Demócrata está cometiendo un suicidio: carece de todo sentido común que los alcaldes Demócratas de Portland, Seattle o Nueva York permitan que el centro de sus ciudades sean una zona de guerra cada noche, y que sus policías sean atacados con impunidad mientras ellos juguetean con el Defund the Police. Por mucho que el New York Times, la CNN o el Washington Post traten de centrar en Trump la responsabilidad de los disturbios, lo cierto es que la responsabilidad es tan evidente por parte de alcaldes y gobernadores que sólo cabe definir la actitud de esta prensa como mera propaganda política contra su bestia negra.

El punto de ruptura o de no retorno será la noche electoral del 3 de noviembre. Será de ruptura si se produce una victoria de Trump que creo que no sólo será lo más justo, sino también lo más posible. De ser así, los Demócratas se verán obligados a abandonar el radicalismo cultural y racial impulsado por los Obama y tolerado por Hillary. Será de no retorno si gana Biden, porque una victoria Demócrata legitimará el jugar con fuego de estos meses y mostrará lo útil que puede ser la guerrilla urbana de cara a unas elecciones. No parece Biden capaz de embocar un movimiento que está fuera de control, ni parece Harris interesada en frenarlo. En este caso, creo que Estados Unidos estará entrando en otra era, que paradójicamente ya no será americana.

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