Iglesias en Cataluña

Pablo Iglesias, adelantándose otra vez en asuntos clave al resto del Gobierno, ha anunciado que formará parte de la mesa negociadora Gobierno-Generalidad. La expresión utilizada por Iglesias -«Sánchez me ha pedido que forme parte de la mesa de diálogo» vuelve a poner de manifiesto la imagen que Iglesias trata de transmitir de la coalición, de igual a igual entre Presidente y Vicepresidente.  Un día después, el Gobierno, a través de Lastra, ha confirmado que Iglesias formará parte de la mesa «negociadora», con el resto de integrantes aún en duda. Lo ha hecho a rebufo de lo manifestado el día anterior por Iglesias.

Más allá de las formas, está el fondo. No es ningún secreto que Pablo Iglesias mantiene, en relación con los separatistas vascos y catalanes, una relación de enorme complicidad: que llega incluso a la colaboración con los grupos satélites de la banda terrorista. La famosa intervención de Iglesias en una Herriko Taberna de Pamplona no deja lugar a dudas acerca de la sintonía y camaradería que Iglesias tiene respecto a ETA como aliada contra la Constitución de 1978.
La opinión de Iglesias sobre el parlamentarismo es bien conocida: el constitucionalismo no es más que la máscara  del poder económico, lo que traducido al caso español supone la afirmación de que la Constitución de 1978 no es más que la simple continuación el régimen de Franco. Ser «antifascista» se traduce en la práctica en luchar no contra unos inexistentes fascistas, sino en luchar contra el régimen que encarnaría, de manera disimulada, el fascismo. Ahí se encuentran las fuerzas antiparlamentarias de toda condición, y eso explica el escenario dibujado en más de una ocasión por Iglesias: el de la colaboración entre todas las fuerzas antiparlamentarias frente al régimen constitucional, con Podemos funcionando como pivote capaz de reunir a los secesionistas vascos, catalanes o gallegos.

Salta a la vista que Iglesias no puede representar al Gobierno central, salvo que éste se sitúe frente al Estado; ni siquiera cabe pensar en neutralidad de quien ni siquiera se interesa en parecer neutral. En la mesa, representará los intereses de la otra parte de la mesa. Esta larga trayectoria no puede escapársele a Sánchez: de nuevo la duda está en por qué el Presidente proporciona protagonismo a su vicepresidente. ¿Confía Sánchez en el fracaso de la mesa, y por lo tanto se despreocupa del papel de Iglesias en ella?¿Es la mesa la simple imagen pública de unos pactos firmados de antemano?

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