Ministros, programa y opinión pública

De entre todas las fortalezas políticas de Sánchez, la de conocer a la opinión pública española es quizá la más importante. El ya presidente tiene la capacidad de entender el ritmo, las aspiraciones y reacciones de la opinión pública, plasmada en los medios de comunicación. Se mueve cómodo en ella, la utiliza unas veces y se deja llevar otras. De todos nuestros políticos es el que con mayor facilidad lo hace, y aquí reside gran parte de su éxito.

No es un fenómeno sólo español, pero de entre las características de la opinión pública española destacan dos aspectos: el cortoplacismo y la superficialidad. Respecto a lo primero, nuestro país tiene poca memoria: olvida pronto las cosas, y llena rápidamente su estado de ánimo por otras polémicas o estímulos más recientes. Tiene además poca conciencia del futuro, tiende a ignorar que los actos tienen consecuencias y que lo importante son justamente aquellas.  Respecto a lo segundo, la superficialidad de nuestra opinión pública se plasma en el hecho de que la imagen, el ruido, la polémica simplona tienden a esconder acontecimientos de fondo de trascendencia.  

Es lo que hemos visto en relación al nombramiento de nuevos ministros. Sánchez ha tocado la tecla adecuada, mediante la filtración sostenida durante días de nuevos ministerios y nuevos ministros. El pacto de gobierno con Podemos y las exigencias de los independentistas, verdadero sostén del gobierno, han quedado pronto olvidados con el baile de nombres, de ministerios y de vicepresidencias. Los nombres, la curiosidad y el cotilleo, están ocultando la cuestión de fondo, que no es otra que la existencia de un programa de gobierno de enormes cambios y pensado a largo plazo

La maniobra ha permitido que dos de los ámbitos que van a ser el objetivo del nuevo gobierno parezcan haberse sentido aliviados: los empresarios y la Iglesia parecen concluir que, puesto que los nombres podían haber sido peores, cabe respirar con cierta tranquilidad. El error es mayúsculo. Los hechos relevantes, ocultos tras el cortoplacismo y la superficialidad de nuestros medios de comunicación son: primero, el pacto de gobierno entre el PSOE y Sánchez, de corte claramente bolivariano; y segundo, el discurso de investidura de Sánchez, que en su primera intervención lo sancionó de principio a fin. La cuestión del rumbo del gobierno la marcan ambos documentos, y de ellos depende la marcha del gobierno; no de los ministros que calculadamente ha nombrado el presidente para diversión infinita de la opinión pública. 

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