Biden en Palacio

elindependiente.es

Anda la prensa alborotada y entusiasmada con la recepción en Palacio Real a los participantes en la cumbre de la OTAN de Madrid, especialmente con la reacción del presidente americano Biden ante los tesoros palaciegos.

Es legítimo y bueno enorgullecerse de todo ello. Pero no lo es concebir el Palacio Real como un simple escenario más o menos vistoso destinado a celebrar actos oficiales coma como una especie de museo vivo para impresionar a jefes de Estado. Es sin duda vistoso pero lo es porque vistosas son las dos realidades que encarna.

Por un lado está el hecho de que España es la nación más antigua del mundo, y el Palacio Real es la encarnación de esa antigüedad. Pese a su relativa juventud -construido por Felipe V- fue pensado e ideado para recoger toda la tradición histórica y cultural española, que es la que hoy vemos en sus paredes, sus techos y sus cuadros. Los distintos reyes que lo han habitado o reformado lo han hecho siempre con la conciencia de enlazar su pasado con el pasado y nuestros antepasados. La riqueza que asombra a Biden del Palacio Real es la riqueza histórica de la nación más antigua del mundo.

Por otro lado coma está el hecho de que ese pasado milenario se encarna en la Monarquía. La Monarquía es el símbolo de la unidad y de la continuidad española, y es precisamente en esta institución donde se reúnen ambas cosas. Ahí radica, a mi juicio, la superioridad de la monarquía sobre la república. Pero más allá de eso quién lo que aquí atañe, sin Monarquía no hay Palacio Real, porque se rompe el vínculo con la historia y con los atributos que hoy tiene este edificio..  Dicho de manera tan simple como rotunda: sin Monarquía no hay Palacio Real.

No es el Palacio real: es España y es la monarquía.

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